
México, DF, México. 2008
Las piñatas son una olla llena de picos y papel de china que sirven para las fiestas navideñas, entre las posadas y el puente Guadalupe-Reyes, que es la borrachera más grande del país (del 12 de diciembre al 6 de enero). Dicen los que saben que las piñatas originalmente eran todas de 7 picos, uno por cada pecado capital, supongo que ahora mismo el DF es la "capital del pecado" y por cierto, de las obras, porque cada metro hay algún bache por ser arreglado.
Lo más gracioso de Navidad y Año Nuevo es que son "piñatas" para muchas personas, esto es, que en el doble sentido o la serie de eufemismos que se utilizan en mi país, estas fechas son "pinches", o sea: feas, horrorosas, tristes. Hay quien sólo quisiera, como mi amigo Jacobo Bautista, simplemente ponerse la piyama y quedarse en casa hasta que pase el temporal navideño, que por cierto, allá en mi otra casa Barcelona, nos agarró duro y tupido.
Algunas veces estas fechas lo son, traen recuerdos, siempre es un volver a empezar, un nuevo comienzo, desde los que ya no están hasta los que estarán más, los propósitos que siempre son la ilusión no cumplida, pero el esfuerzo se hace.
Creo que durante mucho tiempo estas fechas me parecieron "piñatas", pero en los últimos años me parecen muy importantes, ver la ilusión de otros, reencontrarme con personas que no veo muy seguido, ver a la familia que aunque alguna es cercana, no siempre nos podemos ver. No sé si es el frío, la fuerza de tanta fiesta, el exceso de compras, alcohol y todo lo demás, pero mucha gente siente que las navidades son tan difíciles de pasar que preferirían estar dormidas, pasarlas en blanco.
Ahora mismo, yo lo que quiero es vivirlas, hasta el último segundo, mientras dure. Creo que algo ha cambiado a punta de madrazos y ostias. Cosas de la vida, ahora las piñatas son color y nada más, la Navidad un momento para reencontrar a la familia y el año nuevo, simplemente un nuevo reto por delante.
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